En el regazo

Tus senos perfumados me adormecen
en la quietud de la tarde
y mi cuerpo, lánguido y tibio,
busca refugio en tu regazo.
Anido,
y mi ser se desvanece en infantiles sueños.
Mis manos se deslizan silenciosas
y toco tu piel suave de aroma a almizcle.
Te siento,
y los latidos de tu pecho sensual
me transforman.
Pasa el sopor y el hombre:
Despierta.

Fernando de la Luz