¡Desestabilización!, ¿para quién, para qué y a honra de qué?
O ¿serán los estertores de un sistema que agoniza?

Por Fernando de la Luz
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Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas,  la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento

Nelson Mandela

Qué hay alguien detrás de todas las marchas y movilizaciones generadas a raíz de los terribles sucesos de Ayotzinapa?, cierto, o ¿acaso es una reacción espontánea, consecuencia de los terribles hechos?, pudiera ser, ¡por qué no! El hartazgo en ocasiones se da, consecuencia de la gota que derramó el vaso; ¿será Ayotzinapa la gota que derramó el vaso?, la puntilla que desencadenó o desencadenará el hartazgo, si lo podemos llamar así, como se refería a esta “condición psíquica social”  Carlos Monsivais; hoy en día, a consecuencia de estos trágicos acontecimientos todo mundo opina y vaya que opinan desde el connotado escritor Jorge Volpi quien el pasado 26 de octubre, de 2014,  a un mes de los acontecimientos referidos, escribió en REFORMA un artículo titulado Yo no soy tú , donde entre otras cosas nos alerta de la gravedad de lo que él llama “pasmo moral”, donde en un entorno de violencia extrema, no sólo a nivel sociedad, sino en lo particular, callamos y nos volteamos, como si el hecho de ignorar las cosas las desapareciera y esto no es nuevo, a diario, al escuchar en la radio o ver las noticias en televisión nos enteramos de que 11, 691 niños han intentado cruzar o han cruzado la frontera con Estados Unidos; de que el famoso y ya mítico tren “La Bestia” se descarriló con miles de inmigrantes centroamericanos que a diario intentan realizar el sueño americano y que muchos de ellos, en no pocas ocasiones, han sido extorsionados, secuestrados, pierden la vida; de que en un mitin político ya sea en Guerrero o Michoacán mataron a los candidatos a presidentes municipales, que en Chilapa hay varios desaparecidos y que las fosas llenas de cadáveres emergen por todos lados  y si queremos más de todo esto, basta con que entremos a las famosas redes sociales y descubramos todo un mundo de espanto, violencia, muerte, destrucción, donde la capacidad de asombro ha sido enterrada por esa indiferencia total, como cuando se descubrió en Tamaulipas los más de cien cuerpos destazados de inmigrantes, quién dijo algo, quién encabezó una manifestación por ellos o rezó siquiera un padre nuestro; nadie, nadie, ese estado de “Anomia”, como lo apuntara el gran sociólogo estadounidense  Robert K. Merton, que antecede al estallido revolucionario, señores: ha llegado, aunque el secretario de Gobernación diga que el país, no está en llamas. ¿Será posible?, ¡revolucionario¡ ¿seremos capaces los mexicanos de volver a empuñar las armas como en 1910?, cómo cuando entre 1926 y 1929  “La Cristiada”, manchó de sangre El Bajío y los estados circunvecinos.

Ya, está terminando mayo de 2015, el reloj sigue de manera inexorable su curso y el próximo día 26 habrán transcurrido ocho meses del lamentable asesinato y desaparición de estos 43 jóvenes estudiantes cuyo caso ha calado hondo en nuestra sociedad y hay programas de televisión como “El Mañanero” que lleva de manera puntual el recuento de los días que han transcurrido: 236 al 20 de mayo, como si llevando la cuenta de los días regresaran esos jóvenes que la violencia envolvió en ese torbellino de odio, muerte y desolación que caracteriza y ha caracterizado a ciertas regiones del país; de que ha sido un hecho horrible, lo fue, en especial la forma en que fueron asesinados  y de que el hecho en sí, dará para hablar y llenar cuartillas y cuartillas del asunto, sin duda; pero,  aquí dónde queda la SEP, la subsecretaría de Educación Normal, la Dirección de Educación del Estado de Guerrero y la misma dirección de la escuela, ¿Quién permitió que los jóvenes fueran a tomar camiones de manera ilícita para ir a armar borlotes a altas horas de la noche que no les correspondían? o ¿acaso eso era su misión como estudiantes?,  ¿quién los utilizó como carne de cañón y los mandó a una  muerte segura?, ¿por qué, en su momento, se habló de novatada? Esto de tomar camiones para ir a protestar de lo que hubiera que protestar era acaso ya,  una costumbre, un modus vivendi utilizado para allegarse fondos para su manutención. Por eso insisto, al margen de todo lo que se ha dicho y especulado hasta la saciedad, ¿quién los mandó, quién dijo que fueran, quién está detrás de todo eso? Porque se ha llegado hasta la aberración de calificar a esta matanza como “crimen de estado” ¿acaso fue el estado quien los mandó matar? Pero yo insisto, ¡quién los mandó a hacer ese borlote, donde el crimen organizado tomó las riendas de lo sucedido¡ o podríamos decir que fueron ellos, de muto propio, quienes decidieron ir, yo, no lo creo.

Muy bien, ya sabemos quiénes fueron los autores intelectuales del crimen, quiénes las policías corruptas y coludidas, quiénes los sicarios y los grupos delincuenciales en contubernio con autoridades, quienes respaldaron la candidatura de Abarca, quienes se desgarran las vestiduras y se echan la bolita uno a otro, cuáles las autoridades de inteligencia que no alertaron qué clase de persona era ese “político advenedizo” que sirvió, vaya usted a saber a qué intereses y así un sinfín de cosas y situaciones que llevaron a la renuncia del  gobernador del estado, primero, -conocido chapulín-; meses después, al Procurador General de la República, quién entre paréntesis merece todo mi respeto, con cuyo cambio de estafeta por lo menos la equidad de género ganó una posición y qué, qué con todo esto; recapitulando entonces: ¿Quién mandó a los estudiantes a armar tal borlote, al matadero?, ¿el destino?, ¿las circunstancias? No, un acontecimiento de esta naturaleza en cualquier sociedad tiene una explicación.

Hay algo que a mí, entre otras muchas cosas de este suceso, me sobrecogió sobremanera y me hizo entender un poco que uno de los móviles para secuestrar camiones era allegarse recursos económicos para subsistir, fueron las fotografías que la televisión mostró al país de las pocilgas, de las habitaciones, si se les puede llamar de esa manera, donde estos muchachos vivían, dormían en el suelo,  se cocinaban sus alimentos; eso a mí, me indigna, me llena de rabia. Cómo es posible que en un país con un presupuesto tan alto en educación no se haya destinado una mínima parte para instalaciones dignas, humanas, para estos jóvenes; un país y dicho sea de paso ahorita que estamos en campañas políticas, donde se gastan los millones de millones en partidos políticos, cuánta razón tenía Nelson Mandela . Y qué con los gobiernos municipales, del estado, de la federación, desde cuándo estaban o están esas “instalaciones” así, además de que no era la primera ni será la última manifestación y toma de camiones para ir a protestar en contra de quien fuera o sea, pues en estos menesteres la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, ya tiene ganado su “prestigio” desde hace tiempo, ¿por qué? Hagamos un poquito de historia y retrocedamos en el tiempo si me lo permiten y hagamos un pequeño paréntesis, ¿sabemos quién era Raúl Isidro Burgos Alanís?   A saber por lo que publica la página web de la mencionada institución, de manera sucinta,  el emérito maestro Burgos Alanís, maestro normalista de vocación acendrada, poeta, nació en Cuernavaca, Morelos, el 21 de junio de 1890, habiendo sido sus padres Atanacio Burgos y Ma. De la Luz Alanis de Burgos. Inició sus estudios primarios en su tierra natal e ingresó a la escuela de artes y oficios en la ciudad de México. Llega a la Escuela Normal de Profesores en 1905 y termina la carrera en 1912. Fue maestro de grupo en las primarias del D.F., participó en el Primer congreso de Pedagogía organizado en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas en 1914. Durante los años de 1916 a 1917 fue inspector de la Segunda Zona Escolar del Estado de Chiapas y director de la Escuela Normal del Estado. Fundador de la Escuela Primaria “Antonio L. Arellano” en el D,F, y de su similar “Minerva” en Chiapa de Corso, Chiapas en 1920. En 1927 tuvo su primer nombramiento federal como ayudante de la Escuela Primaria de Xochiapulco, en la Sierra de Puebla. Fundó la Normal de Ayotzinapa, que lleva su nombre; ayudado por el pueblo construyó el edificio en 1933; obra que repitió con afán en la Escuela Normal Rural de Xochiapulco, Puebla. Condecorado con el Orden Docente “Ignacio Manuel Altamirano”. Murió el 10 de abril de 1971. Sus cenizas reposan para siempre en la Escuela Normal de Ayotzinapa, obedeciendo a su última voluntad.

El maestro Burgos, dijo refiriéndose a la misión de las normales rurales y a su propia vocación como maestro: Sembremos la semilla de la libertad en el campo virgen del corazón de los jóvenes (…) El deber es enseñar a nuestros alumnos a ser libres.”

Ahora bien, el mismo maestro Burgos Alanís, entre los documentos que le pertenecieron, a manera de memorias relata: La escuela rural mexicana nace para servir a los grandes y pequeños grupos tradicionalmente marginados para elevarlos de planos inferiores de vida a planos cada vez más elevados, Estas escuelas –agrega- cuentan con una formación marxista-leninista, y uno de los requisitos para tener acceso es que los estudiantes sean de escasos recursos.

En otra ocasión refiriéndose a esta escuela en particular comentó:La escuela se fundó con la ayuda del pueblo. Su objetivo era dar escuela y cobijo a los hijos de campesinos de las zonas más pobres de Guerrero. Desde entonces funciona no sólo como escuela, sino dando alojamiento y manutención a sus estudiantes, provenientes lo mismo de Guerrero que de Oaxaca, Chiapas, Distrito Federal, Tlaxcala, Morelos y Sonora, por citar el lugar de origen de algunos.

La Escuela Normal Rural de Ayotzi, como también la conocen, comentaba el maestro en su momento, se ha proyectado como una institución formadora de maestros rurales de primaria, algunos con enfoque bilingüe, otros como maestros rurales de educación física. Desde su fundación buscaba la educación para el pueblo, ideal del político mexicano José Vasconcelos.

“Los normalistas de Ayotzinapa, se ven en la penosa necesidad  de organizarse cada año para protestar y  presionar a la Secretaría de Educación del estado de Guerrero para que ésta lance la convocatoria para las becas de la Escuela Normal Rural. Si no se abre la convocatoria, se declara desierta la escuela y en dos años puede cerrarse. No protestarían si no tuvieran que presionar año con año para que se abra la convocatoria”, explica el periodista Zósimo Camacho Ibarra. Por ello, nada de lo que sucede es fortuito, el instinto combativo de la Normal de Ayotzinapa se desarrolló desde hace varios años atrás. Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, líderes de la guerrilla en la montaña de Guerrero en la década de los sesenta y los setenta, fueron maestros egresados de esta escuela.

¡Ah qué cosas¡, en qué país vivimos y eso señores, que al decir de muchos investigadores y seudointelectuales, estamos a 47 años del famoso “68” parteaguas de muchos cambios en este país, ¡Será¡, ¿lo sería en su momento y ya rebasamos todo cambio? yo no lo creo, porque ahorita estamos, en muchos aspectos, peor y eso de los cambios es bastante relativo, porque el sistema sigue siendo el mismo aunque haya habido apertura democrática, existan más partidos políticos, libertad de expresión y la estructura gubernamental sea menos rígida, sobre todo en la omnipotencia del poder; claro, hay ocasiones en que la misma inercia de los acontecimientos sociales, en muchos casos, hacen el cambio aunque sea de manera lenta, pero también es cierto que en la sociedad los problemas crecen, se agudizan y las mismas contradicciones del sistema, echan abajo todo, por más buena voluntad que haya habido en un principio: ¿del sistema?, ¿cuál sistema? Sí, de ese que agoniza y no tiene visos de solución porque de minuto en minuto las cosas se complican y todos, irremisiblemente estamos inmersos en él, somos parte y producto de él y jamás reparamos en que todos nuestros males, sin ser deterministas, en mucho provienen de ahí.

Cuando cobramos conciencia de las cosas, ya en la escuela primaria y nuestra conciencia ciudadana despierta y comenzamos a entender que vivimos en un país llamado México, entonamos el himno nacional todos los lunes cuando hay honores a la bandera, sabemos más o menos de nuestros héroes, entendemos algo de nuestra historia, aunque las más de las veces en versión maniquea, donde los vencedores están en el poder y los vencidos están fuera, poco a poco nos vamos integrando a ese proceso de socialización que nos absorbe y nos entroniza dentro de esta patria que llamamos México, pero aun así, aunque vayamos aceptando unas cosas y medio digiriendo otras, también recibimos un proceso de formación y aculturación familiar, de nuestro entorno inmediato y también ahí vamos entendiendo de valores y principios, de usos y costumbres, de principios religiosos y nos vamos formando también una idea existencial del mundo que nos rodea, de conceptos, se nos habla del bien y el mal, de Dios, de las buenas costumbres, de la amistad, del perdón, de la caridad, de la familia, de los amigos, de la sociedad en general, del valor económico de las cosas, de la existencia del dinero y de acuerdo a la posición socioeconómica en que hayamos nacido y vayamos creciendo, nos percataremos de eso precisamente, de cuál es nuestra posición económica, de que hay personas adineradas, ricas, de mediana posición y que también hay personas pobres, muy pobres y también comenzamos a darnos cuenta que hay diferentes maneras en que las personas se ganan la vida y el sustento, que hay de profesiones a profesiones y que no gana lo miso un chofer, que un ingeniero, un artesano o un campesino, que hay quienes se dedican a lustrar el calzado y llamamos genéricamente “boleros”, otros trabajan de empleados en alguna tienda, y así vamos conociendo de los oficios y trabajos, de sus remuneraciones y de sus implicaciones sociales, pero jamás nos percatamos que vivimos en una sociedad desigual, donde las oportunidades reales que tiene cada ser humano para desarrollarse y ganarse un lugar en esa sociedad, están en relación directa con el nivel socioeconómico de su familia.

Aprendemos y crecemos bajo las premisas del esfuerzo, de las oportunidades que la sociedad brinda a aquel que se esfuerza, estudia, trabaja duro, se porta bien, sabe cómo escalar en esta intrincada red social de pesos y contrapesos, de premios e incentivos, de castigos para los malos, los flojos, los que infligen la ley y acabamos convencidos de esa filosofía maniquea de que los buenos, los inteligentes, los estudiosos, los esforzados escalarán en esa serie de peldaños que la sociedad tiene etiquetados como exitosos; los malos, los flojos, los tontos, los desafortunados, los que no tienen los medios económicos para lograrlo, deberán contentarse con servir a los exitosos y entonces nos daremos cuenta de que hay diferentes niveles, clases sociales y que la vida en sociedad no es fácil, mucho menos donde los valores más elevados y apreciados están asociados a la riqueza económica y al poder adquisitivo de las personas, de las familias; de esta manera el exitoso, el rico, el poderoso, alcanza estos niveles debido a su esfuerzo, a su inteligencia, a su tenacidad, a su trabajo y no es que no haya excepciones que confirmen la regla, ahí está Benito Juárez García, por si alguien lo duda, gran impulsor del Estado Liberal en la segunda mitad del siglo XIX, que de pastorcito, niño indígena que ni el español hablaba, llegó a presidente de la república, héroe indiscutible, ¿qué  mejor ejemplo de “movilidad social” no?, sino que el sistema está configurado de tal naturaleza, que el que la riqueza esté concentrada en unos cuantos y las grandes mayorías de desposeídos luchen afanosamente por buscarse un lugar en esa sociedad, es lo normal, lo óptimo, y el capitalismo que no tiene más valores que el lucro, la ganancia, el enriquecimiento, impera y sienta sus reales en nuestra sociedad, donde todo tiene una explicación y más que eso, una justificación.

Dentro de nuestro entorno se nos enseña a reconocer y aceptar que hay niveles, incluso se dice que hay de niveles a niveles, que cada quien tiene el nivel que le corresponde y que se pudo forjar dentro de esa jungla donde como dice el refrán popular “Poderoso caballero es don dinero”, aunque las calles estén repletas de miles y miles de limpia parabrisas, de niños de la calle, de “Marías”, de gente subempleada, donde los gobiernos que afanosamente proclamaban que México era un país en vías de desarrollo, en pos del desarrollo estabilizador y se negaban a que México fuera etiquetado como un país subdesarrollado, perteneciente al “Tercer Mundo” por no decir a un mundo de tercera, hoy todavía se resisten a ello, cuando ni siquiera se han constituido como un gobierno que sea agente generador de empleos.

Se ha aceptado que somos un país donde  un 50% de su población está catalogada como que vive en la pobreza y todavía hablamos de pobreza extrema; nos hemos “desruralizado “ si se me permite la expresión y los niveles de explosión demográfica son tales, que elevan a la “n” potencia cualquier problema, hecho o fenómeno social: llámese desempleo, miseria, delincuencia, drogadicción, inseguridad, bajos niveles de escolaridad, nos avasalla y nos deja en un estado de indefensión tal, que ante la gravedad de los hechos mejor agachamos la cabeza, preferimos pasar desapercibidos por la vida o como luego solemos decirlo los mexicanos “nadar de muertito” y ahí la llevamos. ¿Qué pasa, qué está pasando?, ¿por qué no hacemos nada?, o ¿no podemos hacer nada o no queremos hacer nada? ¡vaya paradoja¡ porque la situación es grave eh, para donde quiera que volteamos, y hablando de paradojas, alguna vez llegamos a escuchar cuando fuimos a la escuela, en el bachillerato o la carrera profesional, claro, fundamentalmente quienes estudiamos ciencias sociales de que el  Capitalismo es un modo de producción, donde a los dueños de los medios de producción se les conoce como burguesía y a los que sólo cuentan con su fuerza de trabajo y  se emplean con el dueño de esos medios de producción se les conoce como el proletariado, pues hay que leer a Marx señores.

Hace tiempo, en una charla magistral que diera el maestro Juan José Arreola, en La Casa del Lago, no porque él la llamara así como ahora pomposamente se dice o les gusta a ciertos conferencistas, sino porque todas las charlas de él eran magistrales, me acuerdo que cuestionó al público a que le dijeran cuál era el pecado más abominable que podía cometer un ser humano y se cuestionaba que si sería el homicidio en todas sus variantes, la infidelidad, el robo, la traición, en fin, miles de ejemplos y nadie, absolutamente nadie, fuimos capaces de contestarle hasta que él, con cierta cara de ingenuidad y una risita burlona, brillándole los ojos como le brillaban, con esa vivacidad y picardía que le caracterizaba nos dijo: el pecado más abominable que comete un ser humano es, el “pecado de omisión”; sí señores, el pecado de omisión y siempre, agregó, toda la vida estamos lamentándonos lo que no hicimos: hay, si yo hubiera hecho esto; hay, si yo hubiera hecho lo otro; y así se nos va la vida, ¿no creen?  Ah y para los que lo duden, ahí está la “parábola de los talentos” para aquellos que sean muy religiosos y rio de buena gana; sí, nos guste o no, crecimos en ese entorno, ahí está Zapotlán el Grande y volvió a reír. Cuánta razón tenía el maestro, cuánta y cada vez que me acuerdo de esa gran sentencia, caigo en la cuenta de que otro mundo u otra sociedad tendríamos si cada quien hiciera su parte y actuáramos con conciencia de las cosas, pero desgraciadamente no es así.

Bueno, si hasta de religión y principios morales se trata, sobre todo en nuestro país donde por lo menos hasta hace unos años, la gran mayoría éramos católicos, practicantes o no, de membrete o a conciencia, todavía dudamos si lo correcto de la Bienaventuranza aquella del Evangelio es: “Bienaventurados los pobres de espíritu” o simplemente “Bienaventurados los pobres”, quién le agregó aquello de “espíritu” alegan los simpatizantes de la Teología de la Liberación; quién sabe callan los ultraconservadores, curiosamente llamados: mochos; ni ahí, ni en eso nos ponemos de acuerdo, ¿por qué? Porque hasta ahí penetra el sistema, se infiltra, matiza y se acomoda de tal manera que todo lo justifica, sí para eso se inventó la caridad cristiana que el poder del remordimiento alimenta y que menos mal fructifica en muchas instituciones de caridad y beneficencia que tratan de paliar el hambre, la miseria, la desigualdad, en fin, para que le seguimos.

Pero volviendo a lo nuestro, a lo que estábamos, a lo de Ayotzinapa, a lo de los muertos, a la inseguridad, al clima social malsano y a los golpes de ciego que el “Estado” da en su afán de que mejoren las cosas, de paliar el hambre, la miseria, el desempleo, y todo lo que vemos a diario, sería conveniente que nos enteráramos más del ¡por qué¡ del ¡por qué¡  de las cosas, ¿no creen? Y no sigamos insistiendo en que lo de Ayotzinapa es o ha sido un crimen de Estado, no vaya a ser que las circunstancias nos lleven a contestar, cuando nos pregunten de que quién mató a los estudiantes de Ayotzinapa, FUENTE OVEJUNA.

Barrio de Santiago, Altotonga, Ver. a domingo 24 de mayo de 2015